11/ Los días que puedo descansar

Sí, los días que puedo descansar, nos vemos en los balcones. Aquellos que te conocen y saben a lo que te dedicas, si son muy amigos o familiares te preguntan: ¿cómo estáis?, o te afirman: Lo estáis pasando “chungo”. Los que más se atreven te dicen, ¿cómo crees que acabará esto, cuál es tu pronóstico? Las respuestas suelen ser muy sencillas: - ¿cómo estáis?, - Mal…; - Lo estáis pasando “chungo”; - Pues sí!; - ¿cómo crees que acabará esto, cuál es tu pronóstico?: Mal, muy mal.

Y es que en esos días que puedo descansar, no descanso, ni descansamos. Disfrutando de la reclusión domiciliaria, con los críos, (la mayoría de compañeros están igual), con el miedo en el cuerpo, por no llevar el bicho a casa y adoptando mil rituales para sentirte limpio al entrar por el umbral de casa. Mal, lo estamos pasando mal. No puedes abrazar, ni achuchar a tus seres queridos, no quieres “juntarte demasiado”. La convivencia es muy complicada. Recluido en una habitación a parte por si las moscas, cada vez que vuelves del turno, te quitas la ropa al entrar en casa, todo directo a la lavadora y a lavar con + de 60 grados. Zapatos o zapatillas para estar por casa, y todo lo que ha estado en contacto con el mundo exterior en un riconcito o caja dedicado a ello. Auto Apestados en nuestro propio hogar. ¿Por qué? Por miedo. En muchos casos no puedes ir a ninguna parte. No puedes ir a alojarse en casa de un amigo, no puedes ir a casa de tus padres ni de los suegros, aunque tengan espacio. Da miedo el dichoso bicho, mucho miedo. Miedo porque ves a los compañeros caer enfermos y pasarlo realmente mal. Los que se encuentran medianamente bien por no poder venir a ayudar, a echar el resto por curar, cuidar. En definitiva por entrar al campo de batalla. Los que están muy enfermos, a parte de por estarlo, por la incertidumbre del desenlace. Creo que el 20% de los enfermos eran personal sanitario. Mucho, eso es mucho, y también dice mucho, de lo dura que está siendo esta guerra para nosotros.

Auto Recluidos en nuestras propias casas, sin poder ni tan siquiera abrazar a tu compañera, a tu compañero, a tus hijos, a tu familia…. Soportando día a día situaciones injustas que vives a diario, familias devastadas por el virus, familias rotas, vidas rotas, personas rotas. Soportando eso sin poder hablar para no preocupar, sin poder estar en silencio, sin poder hacer nada, porque sabes que por mucho que hagas, siguen cayendo en el campo de batalla, y ronda la idea siempre que tú serás el siguiente. No hay día, no hay noche que ves como faltan al trabajo uno o dos compañeros. La esperanza siempre es la misma, creen que será sólo un resfriado, que ellos han cogido frío. Los síntomas son los mismos, fiebre, tos, astenia, dolor muscular… como una gripe… Pero saben que no lo es. En este contexto saben que no lo es. Lo dicen y lo piensan , quieren cuidarte para que no te preocupes, y minimizan los síntomas. Quieren cuidarse y creer que están enfermos por el dichoso bicho. Los más suertudos y esto va por comunidades o regiones o empresas, pueden hacerse el test, y saber lo que tienen para seguir sumándole números a ese porcentaje. Los menos, en casa con un diagnóstico diferencial.

Que mierda nos ha tocado vivir como sanitarios, maltratados primero por el sistema, por la gente en su momento y ahora por la puta pandemia. Qué puta mierda, éste tenía que ser un año feliz. Pero es el año que nos ha tocado vivir.

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