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Mostrando entradas de marzo, 2020

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Las noticias en los medios, en cualquier medio que abras, son horripilantes: miles de contagiados, miles ya de personas que han muerto por este puto bicho. Porque no olvidemos que tras esas cifras secas, escuetas, frías… hay personas que se han muerto porque un día alguien les contagió un virus… quizá tras un beso o un abrazo de cariño, quizá tras devolverle el cambio en el mercado, quizá al agarrarse a la barra del bus para no caer en un frenazo, quizá al darle su cuidador de comer el puré de pescado del mediodía… Nunca antes en este mundo moderno que creemos dominar gestos tan sencillos y, muchas veces plenos de afecto, se vieron transformados en gestos de muerte. Y nunca antes en esta moderna sociedad nuestra un gesto tan simple como lavarse las manos y extremar la higiene se convirtió en un medio para evitar contagios para salvar vidas. Uuuuf días atrás vi en redes sociales a varios personajillos mostrar su atrevida ignorancia al poner en duda que lavarse las manos supusiera nada ...

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Desde la ventana del Hospital se reciben también esos aplausos, reconfortan sí, lo hacen y mucho. No estáis solos, os apoyamos, ánimo, sabemos que estáis luchando. Quizás sea la sensación que recorría el cuerpo de nuestros abuelos cuando eran despedidos en sus pueblos cuando se dirigían al frente. ¡Quizás! Y es que el contexto nos hace utilizar un lenguaje bélico: esto es una batalla, esta es nuestra guerra, la guerra que nos ha tocado vivir, la tercera guerra mundial…. ¡Quizás! Quizás porque es todo incertidumbre, es todo desolación, es todo impotencia, de unos profesionales que se lanzaron a luchar cuando sus fuerzas ya estaban agotadas. ¡Ja! El colapso del sistema sanitario, me rio, ¿acaso no está al límite cada Invierno? Con esos primeros aplausos dirigidos a nosotros, enfermeras, médicos, auxiliares (TCAE), celadores, limpiadoras, administrativos..., no voy a engañar a nadie si digo que derramé mis lágrimas. Justo empezaba todo y no quise retenerlas, no pude retenerlas, ya no me a...

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Venga, voy a poner la tele a ver si me distraigo. Cambio de canal de forma frenética a ver si encuentro algún canal que no me recuerde por qué estoy en reclusión en casa atemorizado y nervioso. No es fácil ver una televisión que no nos recuerde a cada momento que el pánico es la sensación que más pulula por medio mundo… sí, medio planeta. porque esto es un problema global, ¡eso es una pandemia, eso y nada más! Mira, en varias emisoras varios políticos de cierto pelaje, ése mismo del que se manifestó durante años y años a favor de recortar lo público, lanzando misiles sin pausa a la línea de flotación de la Sanidad Pública, de la investigación, de la ciencia..., favoreciendo de forma descarada e interesada a la privada, que piden al Gobierno, bueno, que le exigen con las yugulares ingurgitadas por la indignación, que ponga a disposición de la ciudadanía todos los recursos sanitarios y de protección para que esta epidemia no sea una desgracia más mortal de lo que ya es… ¡Es obsceno, que ...

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En casa, desde mi ventana, veo a la mayor parte de mis vecinos aceptar las restricciones, adaptar su existencia a los pocos movimientos cotidianos que se nos permite realizar fuera de la puerta de nuestra casa. Me sumo a las ocho de la tarde todos los días a la ovación plena de cariño y respeto al trabajo de los profesionales que se dejan la piel -la salud y la vida- a diario en hospitales, centros de Primaria y residencias, para cuidar a todos los que ya tienen la infección desarrollada y agotando sus fuerzas y -demasiadas veces- su vida . Ay, cuánta impotencia no poder hacer más, cuánta impotencia limitar nuestra ayuda a solo unos breves vivas y una palmas llenas de calor. ¿Pero podemos hacer más? ¡Sí, claro que podemos hacer más! Respetar las normas y las restricciones que nos obligan a todas las personas por igual… Mi vecino saca el perro y lo pasea por media ciudad, varias veces al día, creyendo que tiene más derecho que los demás, que el gesto adusto con el que que me mira, porqu...

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A pesar de que no paraban de llegar noticias de Oriente que hacían referencia a una epidemia brutal, fuimos incapaces de hacer caso a las señales. Se estaba tan a gusto en nuestra burbuja de irrealidad que, como de costumbre, todo nos parecía muy lejano. Varios años atrás ya habíamos tenido algún que otro aviso, pero eran todos ahí, y ninguno aquí. Los pelos de punta nos los puso un brote de ébola que quiso viajar en un mundo globalizado a occidente, pero como una noche con un mal sueño, pasó. ¿Los avisos no fueron los suficientes?¿Acaso no estábamos preparados?¿Acaso no éramos de los mejores en muchas cosas?¿Acaso no vivíamos bajo el paraguas de Europa? No teníamos de qué preocuparnos, ése era el pensamiento general.. Se debe a la globalización, fueron de los primeros argumentos, cuándo por la Lombardía italiana veíamos el brote crecer. Al comenzar el goteo de casos en nuestro entorno, fué cuándo comenzamos a sacar pecho, enorgulleciéndonos de nuestro robusto sistema sanitario que, ...

0/ Presentación

En 2020 se describió el término Covidario para definir los centros sanitarios, en los que se trataba a personas infectadas de Covid-19 (SARS-cov-19 también conocido como Coronavirus). Hospitales de infecciosos que nunca pensamos que se volverían a ver, al menos en nuestro entorno, monográficos de la infección por Coronavirus. El Covidario pretende ser un relato prosaico de las vivencias presentes, pasadas y futuras de esta distopia que nos está tocando vivir como personas, tanto en la trinchera casera como en el frente sanitario… El relato del Covidario: