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Las noticias en los medios, en cualquier medio que abras, son horripilantes: miles de contagiados, miles ya de personas que han muerto por este puto bicho. Porque no olvidemos que tras esas cifras secas, escuetas, frías… hay personas que se han muerto porque un día alguien les contagió un virus… quizá tras un beso o un abrazo de cariño, quizá tras devolverle el cambio en el mercado, quizá al agarrarse a la barra del bus para no caer en un frenazo, quizá al darle su cuidador de comer el puré de pescado del mediodía… Nunca antes en este mundo moderno que creemos dominar gestos tan sencillos y, muchas veces plenos de afecto, se vieron transformados en gestos de muerte. Y nunca antes en esta moderna sociedad nuestra un gesto tan simple como lavarse las manos y extremar la higiene se convirtió en un medio para evitar contagios para salvar vidas. Uuuuf días atrás vi en redes sociales a varios personajillos mostrar su atrevida ignorancia al poner en duda que lavarse las manos supusiera nada más allá que un bonito mensaje de HT.
Ir a comprar al supermercado se ha convertido casi en un acto heroico. Justificar que te hace falta de verdad esa lista de cosas que has anotado, planear la salida, llevar el gel limpiador de manos, los guantes la mascarilla, aparcar adecuadamente cerca del establecimiento como para no tener que caminar demasiado por la calle, coger el carro pero limpiar antes la barra, no acercarse a los demás clientes, aguardar la cola separados de un metro, pagar con la tarjeta y no acercarse demasiado al dependiente… Todos nos miramos con desconfianza, quizá esa señora de ahí tiene el bicho, ¡mira está tosiendo que jodía…! ¡¿No nos han dicho que tosamos sobre la flexura del codo…?! Y ahí está ella, echando miasmas al aire para que nos contagiemos todos! Tenemos demasiado miedo, se genera desconfianza, nos han aislado con nuestras inseguridades, dependemos de la solidaridad gestual de los demás para que todo esto acabe. ¡Hay que programar demasiado gestos cotidianos que antes hacíamos sin pensar…! ¡Es agotador!
Aplaudimos todos los días a las ocho en punto, a los profesionales que trabajan en hospitales, en centros de salud y en residencias, a los policías, a los de la UME… a los que trabajan en tiendas de primera necesidad y supermercados, a los camioneros, a todas esas personas que hacen llevadero nuestro enclaustramiento. pero no dejo de darle vueltas a una cosa… ante la desidia social de solo un mes atrás, de unas semanas atrás: la indiferencia de investigadores clamando medios para poder seguir realizando su labor fundamental, ante la indiferencia de la población ante la reclamación constante y cíclica de las mareas blancas pidiendo recursos para la sanidad pública, ante la desidia de la población ante los partidos políticos que clamaban que había que cortar el grifo a “lo público” porque era un salidero de recursos públicos… ante todo eso que me llega como pequeños flashes de estupidez humana, me pregunto, ¿Nadie siente un poco de vergüenza y contrición por el egoísmo y la indiferencia de este pasado tan reciente? Todos sabemos que de esta horrible crisis vamos a salir y no seremos los mismos una vez abramos las puertas de nuestras casas y seamos otra vez libre de vagar a nuestro antojo, pero me pregunto, no puedo dejar de hacerlo, ¿nos importará otra vez un carajo las reivindicaciones de los científicos, los investigadores, los profesionales de la sanidad, los recortes de lo público que ciertos partidos claman hasta quedar roncos? Veamos qué fecha de caducidad tendrán esos aplausos. Ahora, trabajemos para frenar esta pandemia asesina. Recordemos que todos tenemos que aportar nuestro esfuerzo para que esto acabe, recuerda #QuédateEnCasa.
Ir a comprar al supermercado se ha convertido casi en un acto heroico. Justificar que te hace falta de verdad esa lista de cosas que has anotado, planear la salida, llevar el gel limpiador de manos, los guantes la mascarilla, aparcar adecuadamente cerca del establecimiento como para no tener que caminar demasiado por la calle, coger el carro pero limpiar antes la barra, no acercarse a los demás clientes, aguardar la cola separados de un metro, pagar con la tarjeta y no acercarse demasiado al dependiente… Todos nos miramos con desconfianza, quizá esa señora de ahí tiene el bicho, ¡mira está tosiendo que jodía…! ¡¿No nos han dicho que tosamos sobre la flexura del codo…?! Y ahí está ella, echando miasmas al aire para que nos contagiemos todos! Tenemos demasiado miedo, se genera desconfianza, nos han aislado con nuestras inseguridades, dependemos de la solidaridad gestual de los demás para que todo esto acabe. ¡Hay que programar demasiado gestos cotidianos que antes hacíamos sin pensar…! ¡Es agotador!
Aplaudimos todos los días a las ocho en punto, a los profesionales que trabajan en hospitales, en centros de salud y en residencias, a los policías, a los de la UME… a los que trabajan en tiendas de primera necesidad y supermercados, a los camioneros, a todas esas personas que hacen llevadero nuestro enclaustramiento. pero no dejo de darle vueltas a una cosa… ante la desidia social de solo un mes atrás, de unas semanas atrás: la indiferencia de investigadores clamando medios para poder seguir realizando su labor fundamental, ante la indiferencia de la población ante la reclamación constante y cíclica de las mareas blancas pidiendo recursos para la sanidad pública, ante la desidia de la población ante los partidos políticos que clamaban que había que cortar el grifo a “lo público” porque era un salidero de recursos públicos… ante todo eso que me llega como pequeños flashes de estupidez humana, me pregunto, ¿Nadie siente un poco de vergüenza y contrición por el egoísmo y la indiferencia de este pasado tan reciente? Todos sabemos que de esta horrible crisis vamos a salir y no seremos los mismos una vez abramos las puertas de nuestras casas y seamos otra vez libre de vagar a nuestro antojo, pero me pregunto, no puedo dejar de hacerlo, ¿nos importará otra vez un carajo las reivindicaciones de los científicos, los investigadores, los profesionales de la sanidad, los recortes de lo público que ciertos partidos claman hasta quedar roncos? Veamos qué fecha de caducidad tendrán esos aplausos. Ahora, trabajemos para frenar esta pandemia asesina. Recordemos que todos tenemos que aportar nuestro esfuerzo para que esto acabe, recuerda #QuédateEnCasa.
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