7/ Cambiando

Esta crisis nos está cambiando. Cuando todo termine no seremos los mismos que antes de este infierno… Faltarán demasiadas personas que se fueron demasiado pronto, habremos aprendido a que nada es como parece, que nuestra presunta seguridad, nuestro conformismo y nuestra vanidosa supremacía en la evolución ha quedado destrozada de un plumazo por un virus que muchos tardaron en reconocer como auténticamente peligroso. Nos está esquilmando y aún no ha terminado. Nuestra sociedad, nuestros políticos tienen que entender que estaban poniendo el foco en el lugar equivocado, que los mercados, la banca, los negocios no son lo que de verdad importa sino la ciencia, la investigación la sanidad. La sanidad pública… ¿seguirá siendo tan maltratada como lo ha sido hasta ahora o por fin alguien se dará cuenta de que es imprescindible cuidarla, aportar los recursos necesarios, cuidar los ratios de enfermeras en base a la carga real de cada servicio asistencia y residencial, dando ya, de una dichosa vez, un papel destacado a la Atención primaria sobre todo lo demás? Habrá que revisar tantas cuestiones… tantas. No podremos volver a lo que teníamos antes. Si no se aprende nada de todo esto la enfermedad social que nos afecta ya no tendrá cura, nunca.

Vemos animales por las calles, pero no mascotas, ¡animales salvajes! Las RRSS están plagadas de imágenes de pavos reales por las calles de Madrid, jabalíes, focas, patos y gansos, osos corriendo por las calles vacías de coches y de personas… Los animales notan que algo nos pasa, nuestra ausencia es su libertad y su seguridad. La enfermedad de los humanos supone el florecer de la Naturaleza: menos contaminación, sobre todo en China que era uno de los focos más sucios del planeta en cuestión de contaminación ambiental y que encima eran renuentes a adoptar medidas de control de emisiones. Pues ahora su cielo -y el nuestro, porque el de Madrid o Barcelona no se quedan atrás- están más limpios. Muchos animales han visto postergado su sufrimiento al cancelarse corridas de toros, supongo que se celebrarán menos peleas de gallos y de perros y menos fiestas en las que se golpea animales… lo que me indica que, cuando el hombre queda confinado, su maldad y todo el daño que es capaz de generar por puro egoísmo -divertimento y no superviviencia- se encierra con él… La Naturaleza respira aliviada porque esa maldad está ausente durante unos meses.

     Y encerrar esa maldad también supone que se encierren a miles de mujeres con sus maltratadores… Es un horror, les invito a que hagan un simple ejercicio de empatía: estar confinada entre cuatro paredes con tu maltratador, sin posibilidad de escapar ni de respirar porque no hay ausencias. O esos niños y niñas con sus abusadores, sin posibilidad de escape o de poder hablar con alguien que pueda ayudarlos… Ayudemos si tenemos noticias de que alguien sufre una situación como ésta, no nos quedemos impasibles o pasivos… Practiquemos la generosidad y la solidaridad, hagamos algo más que aplaudir a las ocho o compartir vídeos chulos en RRSS: ayudemos a quienes sepamos que pueden estar conviviendo con un maltratador/abusador...

      ¿Cuando todo esto acabe regresaremos al mismo punto donde lo dejamos? Espero, de corazón, un intenso y definitivo ejercicio de autocrítica, por parte de los políticos -sería una pasada que muchos de los negligentes de ayer y de hoy dimitieran- y de la ciudadanía: exigir cuentas a nuestros gobernantes y empezar a demandar un trabajo real y patente por la Sanidad, por la Educación, por la Justicia, por la Dependencia, por los servicios públicos en definitiva. Y no caer en la trampa de subvencionar con dinero público lo que se debería dejar de subvencionar de una vez por todas como todas aquéllas prácticas que suponen maltrato animal directo o indirecto.

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